«Mediohombre»: Blas de Lezo

Introducción

En la historia militar de España, pocos nombres brillan con la intensidad y la leyenda de Blas de Lezo y Olavarrieta (1689–1741). Conocido como “Mediohombre” por las múltiples mutilaciones que sufrió en combate, Blas de Lezo fue un marino invencible, estratega genial y símbolo de tenacidad, servicio a España y honor militar. A pesar de haber combatido tuerto, cojo y con un brazo inútil, nunca perdió una batalla en toda su carrera, enfrentándose a enemigos de todas las potencias navales europeas.

Sirvió con distinción en la Guerra de Sucesión Española, luchó contra piratas berberiscos, sobrevivió a la debacle del Cabo Passaro, defendió el comercio imperial en el Pacífico y protagonizó una de las gestas más legendarias de la historia naval: la defensa de Cartagena de Indias frente al mayor ataque anfibio del siglo XVIII, frustrando los planes imperiales británicos con una inferioridad numérica extrema.

Este artículo repasa, desde una perspectiva cronológica y contextual, los principales hechos de armas de Blas de Lezo, destacando su genio táctico, su carácter férreo y su contribución a la defensa del Imperio español.

Juventud y formación naval

Blas de Lezo y Olavarrieta nació el 3 de febrero de 1689 en Pasajes de San Pedro, Guipúzcoa. Procedía de una familia noble aunque no poderosa, con tradición naval y militar. Su entorno fue profundamente influido por el ambiente marinero del Cantábrico, donde desde muy joven se familiarizó con la navegación, los barcos y la disciplina del mar.

A los 12 años ingresó en la Escuela Naval francesa de Rochefort, lo que refleja tanto su formación temprana como los vínculos entre España y Francia en la época borbónica, especialmente tras la subida al trono de Felipe V. Allí se formó como guardiamarina, aprendiendo matemáticas, artillería naval, maniobra y pilotaje. Esta formación técnica fue crucial para su posterior destreza en el combate.

Su primera asignación oficial tuvo lugar en el contexto de la Guerra de Sucesión Española, conflicto en el que una parte de España y Francia defendían la legitimidad de Felipe V frente a una coalición de potencias europeas que defendían la candidatura austriaca. A los 15 años, fue embarcado en la escuadra francesa del Mediterráneo, donde comenzaría su fulgurante carrera militar.

1. Primeros combates y heridas: Toulon y Vélez-Málaga (1704)

Con apenas 15 años, Blas de Lezo se enroló como guardiamarina en la escuadra francesa aliada de Felipe de Anjou, futuro Felipe V de España. A pesar de su juventud, pronto demostró una valentía y disciplina excepcionales. En 1704, fue asignado a la defensa naval durante el asedio angloholandés a la ciudad portuaria de Toulon, uno de los bastiones navales más importantes del Mediterráneo francés.

Durante el asedio, en el que participaban fuerzas británicas y holandesas que buscaban debilitar el poder naval franco-español en el Mediterráneo, Blas de Lezo resultó herido de gravedad por una bala de cañón que impactó cerca de su posición. La explosión le destrozó la pierna izquierda, obligando a los cirujanos a amputarla por completo. Esta fue la primera gran mutilación que marcaría su carrera, aunque lejos de retirarse, se reincorporó al servicio tras su recuperación, ganándose el respeto de sus superiores y compañeros por su fortaleza física y moral.

Ese mismo año participó en la Batalla de Vélez-Málaga, el mayor enfrentamiento naval de la Guerra de Sucesión Española, en la que las flotas franco-española y angloholandesa se enfrentaron en mar abierto. Aunque la batalla resultó indecisa, Blas de Lezo volvió a destacarse en combate. En medio de la lluvia de artillería, una esquirla le alcanzó en el rostro, provocándole la pérdida del ojo izquierdo. Quedó tuerto, pero esto tampoco mermó su voluntad de lucha.

La participación de Blas de Lezo en estos dos enfrentamientos lo convirtió rápidamente en un oficial admirado por su arrojo, capacidad de mando y resistencia. A una edad en la que muchos aún estaban en formación, él ya acumulaba cicatrices de guerra y experiencia en combate naval. Su carrera militar había comenzado con sangre, fuego y honor.

2. Campañas del Mediterráneo y tercera herida grave (1707–1714)

Durante los años posteriores a su bautismo de fuego, Blas de Lezo continuó su carrera en el Mediterráneo, escenario fundamental de la Guerra de Sucesión Española. En 1707, participó activamente en el bloqueo de Peñíscola, una plaza clave controlada por tropas leales al Archiduque Carlos de Austria. Esta acción formó parte de una campaña más amplia para afianzar el control borbónico sobre el Levante español.

Tras consolidar su experiencia en aguas hispanas, fue destinado a operaciones en el sur de Italia, donde España y Francia intentaban mantener su influencia frente a las ambiciones austríacas y británicas. En este contexto, Blas de Lezo participó en múltiples acciones navales menores, escoltas de convoyes y misiones de patrullaje en el mar Tirreno, demostrando una capacidad de mando cada vez más notable.

En 1714, tuvo lugar el combate de Palermo, uno de los episodios más significativos de su etapa mediterránea. En plena lucha naval, una explosión cercana le causó heridas por metralla, una de las cuales afectó gravemente su brazo derecho. La lesión fue tan severa que perdió su movilidad permanentemente. A sus 25 años, Blas de Lezo había perdido ya una pierna, un ojo y el uso de un brazo.

Lejos de ser un obstáculo, estas heridas se convirtieron en símbolo de su temple. Su apodo de “Mediohombre” comenzó a circular con fuerza entre las filas aliadas y enemigas. Mientras sus enemigos lo ridiculizaban en ocasiones, quienes lo conocían personalmente sabían que ese “medio cuerpo” albergaba el doble de coraje que la mayoría de los oficiales navales de su tiempo.

Gracias a su rendimiento y liderazgo, Blas de Lezo fue ascendido a capitán de navío poco después. Su estrella comenzaba a ascender, no por influencia política, sino por méritos ganados con sangre, fuego y determinación.

3. Lucha contra los piratas berberiscos (1716–1718)

Durante estos años, Blas de Lezo fue destinado a operaciones contra los piratas berberiscos que asolaban el comercio español en el norte de África. El Mediterráneo occidental era un teatro de guerra constante, donde las embarcaciones berberiscas procedentes de Argel, Túnez y Trípoli hostigaban rutas mercantes, capturaban naves cristianas y tomaban prisioneros para exigir rescates o venderlos como esclavos. Era una amenaza tanto económica como humana para la monarquía hispánica.

Blas de Lezo participó activamente en las campañas de patrullaje y castigo contra estas incursiones. En particular, lideró operaciones de hostigamiento naval frente a las costas de Argel, Tremecén y Túnez, organizando bloqueos temporales y bombardeos costeros. Su capacidad para maniobrar escuadras más pequeñas y menos equipadas frente a enemigos rápidos y escurridizos demostró su capacidad táctica también en la guerra asimétrica.

Estas campañas eran extremadamente peligrosas, ya que los corsarios musulmanes conocían bien las aguas poco profundas y las corrientes costeras. Blas de Lezo tuvo que emplear no solo fuerza bruta, sino también astucia: fingió retiradas para emboscar navíos enemigos, y realizó desembarcos relámpago para destruir instalaciones costeras.

Gracias a estas acciones, se logró reducir considerablemente la actividad corsaria en las rutas clave hacia Italia y Marsella, y se protegió el comercio español y el tráfico con las Baleares. Además, estas victorias elevaron el prestigio de Blas de Lezo en la corte y entre sus superiores, quienes reconocían que no solo era un hombre de coraje, sino también un estratega capaz en distintos tipos de guerra naval.

4. La Batalla del Cabo Passaro (1718)

En el marco de la Guerra de la Cuádruple Alianza (1718–1720), España trató de recuperar los territorios italianos que había perdido tras la Guerra de Sucesión Española. El principal objetivo era consolidar su presencia en Sicilia y reafirmar su influencia en el Mediterráneo central. Para ello, la Corona envió una flota al mando del almirante Antonio de Gaztañeta, de la que Blas de Lezo formaba parte.

El 11 de agosto de 1718, la escuadra española fue sorprendida frente a la costa suroriental de Sicilia, en el Cabo Passaro, por una poderosa flota británica dirigida por el almirante Sir George Byng. A pesar de que no existía una declaración formal de guerra entre ambas potencias, los británicos atacaron de forma fulminante, provocando una de las derrotas navales más graves sufridas por España en el siglo XVIII.

La flota española, que se encontraba dispersa y mal posicionada, fue atacada sin previo aviso. La superioridad táctica y numérica de los ingleses fue aplastante: más de 20 navíos españoles fueron capturados o hundidos, y cientos de marinos hechos prisioneros. Sin embargo, Blas de Lezo logró maniobrar hábilmente su navío, evitar el cerco y retirarse con varios barcos intactos. Su pericia al timón, su conocimiento de las corrientes locales y su sangre fría en medio del caos permitieron que una parte de la escuadra se salvara.

Este episodio, a pesar del desastre general, reforzó aún más su reputación como oficial de élite. Mientras muchos comandantes fueron juzgados por la derrota, Lezo fue elogiado por su valor y habilidad, destacando como uno de los pocos oficiales capaces de mantener la calma y reaccionar eficazmente bajo presión. Esta acción confirmó su perfil como estratega audaz y reafirmó su trayectoria ascendente dentro de la Armada.

5. Campañas en el Pacífico Sur (1730–1737)

Designado comandante de la escuadra del Pacífico en el virreinato del Perú, Blas de Lezo pasó casi una década en América defendiendo las costas del Callao, Lima y otras posiciones estratégicas del litoral sudamericano. Esta etapa, aunque menos conocida que sus gestas en Europa y el Caribe, fue esencial para consolidar el dominio naval español en el Pacífico sur y frenar la expansión de las potencias europeas rivales en la región.

Su principal misión era proteger el comercio español de los ataques de corsarios ingleses y neerlandeses que rondaban las rutas entre Perú, Panamá, México y Filipinas. Estas rutas eran vitales para el flujo de metales preciosos y mercancías desde América hacia Asia y Europa. La amenaza pirata era constante, especialmente en zonas poco fortificadas o con presencia naval débil.

Blas de Lezo fortaleció las defensas del puerto del Callao, organizó patrullas navales, coordinó convoyes comerciales y mejoró la capacidad de respuesta de la escuadra del virreinato. Demostró una habilidad especial para detectar movimientos enemigos con anticipación y establecer emboscadas en puntos clave del litoral.

Entre sus acciones más destacadas se encuentra la captura de varios buques corsarios ingleses, a los que sorprendió operando cerca de las costas de Arica y Pisco. Estas acciones disuadieron nuevos intentos de incursión durante años y garantizaron una paz relativa en la zona.

Además, trabajó en la mejora de la infraestructura naval y logística del Pacífico: impulsó la reparación y modernización de naves, el entrenamiento de tripulaciones locales y la supervisión directa del arsenal del Callao. Su gestión dejó una Armada virreinal más profesionalizada y capaz.

Esta etapa consolidó su perfil como un comandante integral: no solo era un marino de combate, sino también un organizador eficaz, gestor de recursos y defensor de largo plazo de los intereses imperiales en el océano Pacífico.

6. El gobernador invencible de Cartagena de Indias (1741)

La Guerra del Asiento y el ataque británico

La Guerra del Asiento (1739–1748) fue un conflicto entre España e Inglaterra originado por disputas comerciales en el Caribe, especialmente el derecho británico al llamado «asiento de negros» (permiso para comerciar esclavos en las colonias españolas). Esta guerra se enmarca dentro de las tensiones coloniales previas a la gran Guerra de Sucesión Austriaca, y tuvo como objetivo principal el dominio del comercio atlántico.

En este contexto, Inglaterra planificó una operación militar sin precedentes para conquistar la estratégica ciudad de Cartagena de Indias, en la actual Colombia. El objetivo era abrir un gran frente en América y debilitar el poderío español en el Caribe. Para ello, organizó una colosal flota de más de 180 barcos y 27.000 hombres, bajo el mando del almirante Edward Vernon, que ya había capturado Portobelo en 1739.

Blas de Lezo y la defensa de Cartagena

Frente a esta fuerza abrumadora, el virrey de la Nueva Granada confió la defensa de Cartagena a Blas de Lezo, ya entonces un veterano de múltiples campañas. Contaba con solo 6 navíos, unos 3.000 hombres entre soldados regulares, milicianos, esclavos armados y algunos indígenas aliados. Lezo asumió el mando absoluto de la defensa terrestre y naval, confiando en la fortaleza natural de la bahía y en el sistema de murallas y fuertes que protegían la ciudad.

Lezo ordenó reforzar las posiciones clave: el castillo de San Felipe de Barajas, el fuerte de San Luis de Bocachica, la batería de Santa Cruz y otras defensas costeras. Dispuso tácticas ingeniosas como hundir buques para bloquear el canal de acceso, usar pólvora de forma dosificada, y rotar a las tropas para mantener su resistencia en condiciones de agotamiento extremo.

Durante casi tres meses, los españoles resistieron los asaltos británicos. La batalla culminó en el asalto masivo al castillo de San Felipe, donde las tropas británicas fueron repelidas en un combate encarnizado a bayoneta calada. La combinación de la resistencia española, las enfermedades tropicales (disentería, fiebre amarilla) y los errores logísticos hundió la moral británica.

Una de las mayores derrotas navales de Inglaterra

Vernon se retiró tras perder más de 10.000 hombres y sufrir la humillación de haber fracasado estrepitosamente ante un enemigo muy inferior en número. La expedición fue un desastre para Inglaterra, y su derrota fue silenciada en la prensa de Londres. Incluso se habían acuñado monedas conmemorativas anticipando la victoria que nunca llegó.

La victoria de Cartagena de Indias es considerada hoy una de las gestas defensivas más brillantes de la historia naval moderna. Gracias al genio táctico y la férrea voluntad de Blas de Lezo, el Imperio español mantuvo su dominio sobre el Caribe y frenó la expansión británica en el norte de Sudamérica.

Blas de Lezo, enfermo por las secuelas del asedio, moriría pocos meses después. Su cuerpo quedó sepultado sin monumento ni gloria inmediata, pero su memoria vive hoy como la de uno de los más grandes marinos de todos los tiempos.

El legado de un marino inmortal

Blas de Lezo murió meses después de la victoria, posiblemente de una enfermedad o de las secuelas del asedio. Fue enterrado en Cartagena, y su figura quedó oscurecida durante siglos. No fue hasta el siglo XX que comenzó su verdadera reivindicación.

Hoy, Blas de Lezo es recordado como símbolo de resistencia, valentía y genio militar. Nunca fue derrotado en combate. Con un cuerpo mutilado, un carácter firme y un talento innato para la estrategia, logró humillar a la mayor flota británica del siglo XVIII. Su historia es ejemplo y advertencia, memoria y orgullo. Un verdadero héroe que honró la mar y a España con su vida entera.

Se le atribuyen palabras que resumen su alma y su servicio con sencillez y firmeza:

«Muero, pero muero fiel a mi rey y a mi patria, como buen vasco.»

Una frase que refleja el espíritu de un hombre cuya vida estuvo consagrada al deber, a la patria y al honor.